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Las 115.000 toneladas de basura radiactiva olvidadas en el Atlántico Nordeste via Materia

Los 223.000 bidones con residuos nucleares lanzados en alta mar hasta 1982 no se controlan desde hace dos décadas, pese a las evidencias de fugas. Los países europeos estudiarán en 2014 si es necesario establecer un nuevo programa de vigilancia

A pocos kilómetros de la costa francesa y a sólo 124 metros de profundidad, un submarino dirigido por control remoto enviado por periodistas alemanes acaba de encontrar dos bidones con residuos radiactivos lanzados al Canal de la Mancha en la década de 1950. Los contenedores, de origen belga o británico, confirman que bajo el Atlántico hay una bomba de relojería.

Hubo un tiempo en el que a las autoridades de los países con instalaciones nucleares les pareció una excelente idea deshacerse de sus residuos radiactivos arrojándolos en alta mar. Entre 1949 y 1982, ocho países europeos tiraron por la borda unos 223.000 bidones con 115.000 toneladas de basura nuclear en el Atlántico Nordeste, en ocasiones a sólo 200 kilómetros de las costas españolas. Eran desechos radiactivos de baja actividad procedentes de reactores atómicos, de instalaciones médicas y de la industria. Tres décadas después, los países responsables se desentienden de aquella barbaridad medioambiental. Los bidones siguen bajo el océano, sin prácticamente ningún control.

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Peces y crustáceos contaminados

En otras palabras, los gobiernos de algunos países nucleares —Reino Unido, Bélgica, Suiza, Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y Suecia— pensaban que unas pocas decenas de miles de toneladas de basura radiactiva no se notarían en los 1.386.000.000 billones de litros de agua que hay en los océanos. La expedición de los periodistas alemanes, sin embargo, muestra que la basura sigue debajo de la alfombra.

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En 1992, los expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) navegaron por última vez sobre los cementerios nucleares submarinos para medir la radiactividad. “Los análisis mostraron elevadas concentraciones de plutonio-238 en muestras de agua recogidas en los puntos de vertido, indicando fugas de los contenedores”, según los expertos de la Convención Ospar. “Hay que destacar que el diseño de los contenedores para el vertido de residuos no estaba destinado a confinar los elementos radiactivos durante décadas, sino más bien para asegurarse de que los residuos llegaran intactos al fondo marino”, subrayaban en un documento oficial en 2010.

Un portavoz del OIEA, Peter Rickwood, explica que “en todos los casos en los que el OIEA estuvo implicado” los estudios radiométricos indicaron que “los niveles de elementos radiactivos observados eran bajos”. La mayor cantidad de radionucleidos en el Atlántico no procedía de los vertidos desde barcos, sino de los ensayos con bombas nucleares en la atmósfera o directamente en el mar, destaca Rickwood. “En general, los estudios no detectaron ninguna radiactividad pero, en algunos casos, se registraron pequeños aumentos de la actividad [radiológica] muy cerca de los bidones”, añade.

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